Cumplió los 18, terminó la secundaria, viajó por Sudamérica, voló a París y regresó a casa. La holandesa Romy Appelman ha vivido "un año inolvidable" escribe en una carta a Radio Nederland, con motivo del concurso organizado por esta emisora bajo la temática ‘Cambio'. Romy ha sido una de las ganadoras.
"¿Qué me ha aportado este año? Uf, buena pregunta. Creo que he ganado mucha autoconfianza". Romy Appelman rodea con sus manos una caliente taza de té en el centro comercial de Les Halles, en París. "He visto que puedo enfrentarme a situaciones muy diversas. He tenido muchos problemas y retos inesperados y he podido solventarlos".
La joven holandesa Romy Appelman.
Madurez
Appelman toma té contenta, con su nuevo guardarropa parisiense, después de un año turbulento. Comenzó el 2008 con 18 años recién cumplidos. Obtuvo su diploma de estudios secundarios y su licencia de conducir.
"Bueno, será hora ya de comenzar una vida adulta, pensé", cuenta ahora con una sonrisa. "Había ahorrado algo de dinero y encontré un trabajo de au pair en la Guayana francesa, en Sudamérica. Di una gran fiesta y me despedí de todo el mundo. Me iría por un año".
Pronto se dio cuenta de que la vida en el trópico es más dura de lo que pensaba. No eran tres sino siete los niños que Romy tenía a su cargo. Debido a una defunción en la familia, los padres de los niños no estaban casi nunca en casa. Todo recaía sobre los hombros adolescentes de la holandesa.
También el idioma fue un obstáculo. "En casa se hablaba una mezcla de idiomas: el padre surinamés y la madre y los niños francés, pues es el idioma de uso, también en la escuela".
Demasiado duro
La soledad fue también difícil para Romy, tan lejos de sus amigos y familia. En la ciudad donde vivía tampoco había mucho entretenimiento. "Era muy duro para mí. Demasiado estrés para una chica de 18 años. No quería defraudar a aquella familia, así que me quedé cuatro meses. Entonces encontré un nuevo trabajo de au pair en París. Yo lo llamo un ‘punto y seguido'. Me había dado un año para ver el mundo y no quería regresar a casa con la cabeza gacha porque las cosas no me hubieran ido bien".
En París sí fueron tres los niños que tuvo que cuidar. Los padres eran amables y los niños simpáticos. Además, París estaba más cerca de casa que la Guayana Francesa. "La distancia se compensa porque aquí las cosas son más sencillas y me gustan más. Estoy de nuevo en Europa: el tiempo, la cultura, la ciudad, todo se parece más a lo que estoy acostumbrada. Aquí me siento cómoda, así es que no echo tanto de menos a mis amigos y familia".
Romy mira a su alrededor, en la cafetería donde charlamos: las calles están llenas de tiendas y gente.
"Después de regresar de la Guayana Francesa compré aquí todo mi vestuario de invierno. Venía del trópico y solo tenía ropa muy ligera, así es que necesitaba de todo: un pantalón largo, zapatos de invierno y un abrigo. Cuando compré la ropa me sentí como nueva, preparada para un nuevo comienzo, ¡preparada para París!".
Sin remordimientos
Romy recuerda satisfecha este año pasado. "Sin duda, ¡muy satisfecha!", y ríe. "Sobre todo la primera mitad fue muy alborotada, con el ajetreo de los últimos meses en la escuela; lo pasé muy bien en general. El período en la Guayana Francesa fue quizás menos agradable, pero no me arrepiento. Fue una buena experiencia. He aprendido mucho sobre la diferencia de culturas y he comprendido que la vida también puede vivirse de otra manera".
Y la última etapa en París: genial. Así es que Romy no se arrepiente de nada. Fue un 2008 turbulento y extraordinario, pero estupendo, de esto no hay duda.
Traducción: Elena Ruiz.
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Etiqueta: au pair, cambio, Francia, Guayana francesa, Holanda, París, Romy Appelman
