Poca es la honra que la República Checa puede sacar como presidente de la Unión Europea. Desde el 1 de enero, Praga releva a Francia en esta tarea. Para la pequeña República Checa es casi imposible igualar el enérgico liderazgo del mandatario francés, Nicolás Sarkozy. Al mismo tiempo, las declaraciones del presidente checo, Vaclav Klaus, no lo han hecho muy popular en Bruselas.
"No se puede esperar por Lisboa para tomar decisiones, no se puede esperar ni hasta mañana", ha dicho Sarkozy. "Hay que decidir hoy, y tengo la más plena confianza en que la presidencia checa seguirá los pasos de la francesa".
Sarkozy espera que la República Checa continúe con la enérgica gestión de los franceses. Fue una observación maliciosa, ya que todo el mundo conoce la poca fe que Sarkozy le profesa a Praga, y aún menos al presidente checo, Vaclav Klaus.
Poca cooperación
El euroescéptico Klaus se niega a que la bandera de la UE flamee en su castillo, compara la política ambiental de la Unión con las de las dictaduras comunistas, y no quiere saber nada del nuevo tratado de la organización.
Muchas son las críticas de Klaus. Excesivo intervencionismo, centralización, estandarización, harmonización; buscar democracia donde ésta prácticamente no existe, o sea por encima de los Estados. Klaus considera que este curso creará una Unión más cerrada, algo que debe revertirse.
El presidente checo opina que la Unión Europea se involucra demasiado en cuestiones nacionales, y que no se trata de una verdadera democracia, ya que ésta sólo puede existir a nivel nacional. Por ello quiere poner freno a la integración europea. Los políticos checos, como el viceprimer ministro para Asuntos Europeos, Alexandr Vondra, reaccionan hastiados y toman un tanto en broma toda la conmoción que su presidente causa.
El ministro Vondra no quiere criticar al presidente de su país, aunque sí sea mucho más moderado que Klaus en sus críticas a la UE. Además, aclara que no es el presidente, sino el primer ministro el que asume la presidencia de la Unión.
Alto el fuego político
El ministro en cuestión se llama Mirek Topolanek, copartidario de Klaus, pero de posición moderada, al igual que Vondra. Recientemente, logró a duras penas evitar que Klaus lo pusiera fuera de juego. Esto ocurrió durante el congreso del partido centroderechista ODS, donde Topolanek fue elegido como líder por una muy ajustada mayoría.
Si durante la presidencia checa, la oposición del país acuerda una tregua con el gobierno minoritario de Topolanek, entonces el primer ministro tendrá las manos libres para concentrarse en la agenda europea. Esto implica que el Parlamento checo ratifique el nuevo tratado de la UE, que se ponga freno a la crisis económica y financiera, que se preste atención a la política energética europea, más los varios asuntos de política exterior. La República Checa, en su carácter de presidente de la Unión, espera reforzar los lazos con los vecinos de Europa Oriental, como Bielorrusia, Ucrania y Georgia.
Para alcanzar esto, hay que albergar la esperanza de que Rusia no decida aguar la fiesta. Al primer ministro Mirek Topolanek, Moscú le infunde bastante menos respeto que al presidente francés Sarkozy.
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Etiqueta: Bruselas, Klaus, Praga, República Checa, sarkozy, UE
