Un dramático grito de socorro a favor del pueblo tibetano hizo naufragar espectacularmente en París a la Llama Olímpica y asestó un golpe de repercusión mundial a China y al Comité Olímpico Internacional (COI) responsable de su nominación como sede de las Olimpiadas de agosto próximo.
El recorrido el lunes en París de la Llama -calificada de "Llama de la vergüenza" por sus críticos- se transformó en un espectáculo grotesco. Se apagó una vez por razones técnicas pero los organizadores tuvieron que apagarla además cuatro veces para meterse en un autobús y escapar al acoso de los manifestantes que gritaban "Libertad, Libertad", "Respeten los derechos humanos".
Una masa policial compacta rodeaba a los portadores de la Llama tanto cuando iban a pie como cuando se refugiaban en el autobús, lo que dio un aire francamente circense a una ceremonia que pretendía ser solemne. El grado extremo del ridículo -además de los apagones- se alcanzó al final del recorrido en el Estadio Charletty. Se preveía una apoteosis pero la sagrada Llama llegó ..¡en autobús!.
La desesperación de los manifestantes de origen tibetano fue impresionante y una imagen transmitida por la televisión marcará sin duda este día: un joven tibetano en el suelo, rodeado de policías, sangrando por la boca después de un golpe, pero que sigue gritando desesperadamente "¡libertad, libertad!".
Movilización de activistas
Sesenta asociaciones defensoras de derechos humanos y otros valores morales se movilizaron, y la que más se destacó fue Reporteros sin Fronteras, defensora de la libertad de prensa y de los periodistas en el mundo. Militantes escalaron como minúsculos insectos la enorme masa metálica de la Torre de Eiffel y desplegaron una gran bandera con los cinco anillos olímpicos encadenados en forma de esposas. Otro símbolo de Francia, la Catedral de Notre Dame, fue invadida en la noche por un pequeño comando que desplegó en la mañana otra bandera con los anillos encadenados. En la Cámara de Diputados, varias decenas de parlamentarios de izquierda y derecha unidos enarbolaron un gran cartel a favor del Tíbet.
En resumen: las protestas contra esta ceremonia de propaganda, que estallaron en Londres, se agravaron en París y aparentemente van a continuar en San Francisco, Estados Unidos. Ellas están poniendo al desnudo la hipocresía del COI que tratan de presentar a la fiesta del músculo como una fiesta apolítica.
Algunos dirigentes del COI se lamentaron de que las manifestaciones hubiesen provocado el fracaso de "la fiesta" e incluso han ido hasta a atacar abiertamente a las organizaciones humanitarias acusándolas de actuar por "odio". Los deportistas, decepcionados, aparecen como infantilizados por el interés de ir a "jugar". Pero la mayor parte de los comentaristas en París aludieron a la situación que está viviendo el pueblo del Tíbet invadido por China en 1959 y desde entonces sometido -dicen- a un duro proceso colonial acentuado actualmente.
Los especialistas subrayan que se trata de una colonización de poblamiento: centenas de miles de chinos han sido y son actualmente instalados en el Tíbet en desmedro de los tibetanos, con el objetivo de convertir a éstos en una minoría étnica en su propio país. Se subraya que la persecución religiosa continúa, que innumerables templos han sido destruidos desde la invasión del país y que toda protesta es castigada con la prisión o la muerte.
Críticas al COI
El Comité Olímpico Internacional es objeto de críticas por haber impuesto la nominación de China como sede de "la fiesta" y por apoyar las afirmaciones chinas de que antes de la realización de ésta los problemas de violación de derechos serían corregidos. Las actuaciones del COI son calificadas de oscuras. El semanario izquierdista Charlie Hebdo, por ejemplo, denuncia en París la hipocresía de sus dirigentes, "pequeña banda de notables" vestidos con títulos nobiliarios (como el franquista "marqués" Samaranch y el "conde" Jacques Rogge) y que se cubren con el manto del deporte.
La revista pide transparencia sobre el COI y solicita que se llegue alguna vez a hacer la claridad sobre los orígenes y los destinos de los dineros que están en juego en el deporte olímpico. Este espectáculo de músculos, subrayan observadores, es una enorme fuente de negocios. Cientos de miles de millones de dólares están juego: el circo está en el estadio pero la verdad se oculta en la trastienda.
Este espejismo, indican los analistas, es también ocasión de propaganda política, como en el caso de China, país que adoptó un capitalismo salvaje ultra-liberal, que no respeta los derechos humanos de los trabajadores chinos y que está dominado por un sistema totalitario de partido único.
El Dalai Lama pide solamente autonomía y respeto para el Tíbet. En París, algunos jóvenes tibetanos criticaron el lunes al líder religioso afirmando que la paz espiritual que él predica es insuficiente y que hay que luchar por recobrar la independencia. Los observadores, por su parte, no creen que ni una ni otra cosa sea posible: China es una gran potencia que ningún otro país se atreve a presionar frontalmente.
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