Hoy se ha cumplido un hito histórico en la lucha contra la utilización de armas pequeñas que hieren y matan a civiles inocentes (…) De ahora en adelante, se pueden salvar millones de vidas de los efectos de estas atroces armas. Kofi Annan, en su discurso para la entrada en vigor de la Convención sobre la Prohibición del Empleo, Almacenamiento, Producción y Transferencia de Minas Antipersonales y sobre su Destrucción, 1 de marzo de1999.
Justo
una semana después de los atentados en EEUU en septiembre de
2001, se celebró en Nicaragua la Tercera Conferencia de
Estados Parte de la Convención de Otawa, con un balance
todavía negativo: a pesar de que la producción de
minas antipersonales y la cantidad de víctimas causadas por
ellas han descendido, solo 119 países han ratificado la
Convención: todavía más de 245 millones de
estas pequeñas bombas están almacenadas en unos 100
países - los arsenales más grandes están en
Rusia, China, India, Pakistán y EEUU - y 65 millones de
ellas amenazan la vida de los ciudadanos en 56 naciones, entre
ellas Angola, Colombia, Croacia y Afganistán. Según
la Cruz Roja Internacional, se producen por su causa 2000
víctimas cada mes, en todo el mundo.
A la cabeza de los programas mundiales para el desminado está América Latina, a pesar de que Cuba y EEUU se niegan a firmar el tratado. En el continente, sólo Guyana, Haití y Surinam no lo ratifican todavía. Las minas antipersonales son armas perfectas para la defensa y aunque han evolucionado poco se benefician de los modernos equipos de lanzamiento y de los más avanzados sistemas satelitales de vigilancia. Se trata de pequeños artilugios que viven el sueño de los muertos durante décadas y que reaccionan cuando sienten el peso de un cuerpo: entonces despiertan violentamente y actúan para lo que fueron inventadas: matar o dejar a seres mutilados de por vida.
Centroamérica: libre de minas en el
2005
Yo iba a mi trabajo en San
Salvador. La calle estaba minada, era el 89, la guerrilla
había lanzado una ofensiva, y al pasar perdí mis dos
piernas. Tenía 17 años y vendía mariscos en el
Mercado Central. Salí del centro de rehabilitación
con dos prótesis, tengo las dos piernas amputadas por arriba
de las rodillas. Pero con las prótesis no podía
utilizar el autobús, así, que compré una silla
de ruedas. Me capacité y ahora trabajo para una
organización de apoyo a personas amputadas sobrevivientes de
minas. Jesús Martínez se casó hace cinco
años y aunque le gustaría tener hijos no puede: una
esquirla le destruyó el testículo derecho. Es uno de
los miles de lisiados de las guerras civiles en América
Central, una de las regiones más minadas del planeta. Pero
el grupo de Acción Antiminas de la Organización de
Estados Americanos (OEA) es optimista y asegura que
Centroamérica es líder en los procesos de desminado.
Relata su asesora Marlen Villela:
Centroamérica, desde 1991, tomó el liderazgo al solicitar a la OEA su apoyo. Creo que es un modelo para el resto del mundo. Aparte de las catástrofes naturales, como el Huracán Mitch, el único problema que puede impedir que no cumplamos con las fechas es que no se cuente con dinero suficiente. Son programas sumamente caros, la infraestructura técnica y militar está montada pero si nos fallan los donantes no podremos terminar.
La OEA asegura que Centroamérica podría quedar libre de minas en el año 2005 y que para ello se necesitan 30.000 millones de dólares. A pesar de los avances, la Cruz Roja Internacional aprecia un descenso en el apoyo económico, como asegura Dominique Loye: Es cada vez más difícil motivar a la opinión pública y a los gobiernos, todos se cansan de escuchar sobre el tema de las minas, pero por desgracia es así y América Central necesita todavía mucha plata para finalizar". Las iniciativas para ayudar a las víctimas y desactivar los campos minados están estrechamente ligadas a la ausencia total de conflicto bélico; a la ayuda económica externa y a la voluntad de los gobiernos: la eficacia depende del momento en el que estos tres factores coincidan.
¿Armas indispensables?
En 1996, militares de alto rango convocados por el
Comité Internacional de la Cruz Roja, realizaron el informe
Minas terrestres antipersonales, ¿armas indispensables? Sus
conclusiones son rotundas: a diferencia de los avances en materia
de remoción de minas, la tecnología desarrollada para
su fabricación "ha sido ampliamente financiada con fondos
procedentes tanto de las fábricas de armamentos de gobiernos
como de la industria privada (…) En muchos países, se
desarrollan perfeccionados sistemas de colocación de minas
mediante cañón o cohete", y citan el informe Trends
in Land Mine Warfare, según el cual: "Durante los
próximos cincuenta años, seguirán
fabricándose muchos millones de minas de todo tipo" con lo
que "se harán pingües beneficios en este sector". Estas
apabullantes conclusiones contrastan con los empeños de la
OEA por liberar a la población civil de este
peligro.
Nelson Castillo, tiene 41 años y hace siete que una mina cambió su vida. Ocurrió en 1995, después de la guerra no declarada entre Ecuador y Perú: estaba en la frontera en plena selva, con el cuerpo de ingenieros del ejército, cuando pisé una mina que cercenó mis dos piernas, el rescate demoró tres horas, me sacaron en helicóptero. Pasé ocho días en coma y tardé más de un año en recuperarme, pero gracias a Dios, el gobierno corrió con los gastos. Aunque no puedo mantenerme en pie más de diez minutos, trabajo y hago mi vida normal. Recientemente, los dos países anunciaron que retendrán una cantidad de minas antipersonales para entrenamiento: Ecuador 16.000 y Perú casi 10.000, cifras que superarán ampliamente al resto de las reservas latinoamericanas.
La amenaza del Plan Colombia
La prueba de fuego se vive a escasos kilómetros de los
dos países andinos, en Colombia. Ahora más que nunca
debe hacerse bien la diferencia entre civiles y combatientes para
que el conflicto no siga afectando a niños, mujeres y
campesinos que nada tienen que ver. Nos preocupa lo que pueda
venir, dice Diana Roa Castro, de la Campaña Internacional
para la Prohibición de las Minas (ICBL, en inglés) en
Colombia, en alusión al Plan Colombia: la excusa perfecta
para que la selva se rearme. A pesar de haber ratificado el Tratado
de Otawa en el año 2000, Colombia es el único
país occidental donde se siguen utilizando las minas
antipersonales: ejército, paramilitares y grupos
guerrilleros aseguran utilizarlas, prueba de ello es que el
número de víctimas de minas en el 2001 fue de 138, el
mayor de los últimos años. Más al sur del
continente, en Argentina, el escollo es diplomático: las
minas permanecen enterradas en las Islas Malvinas, (o Falkland),
desde la guerra en 1982 entre ingleses y argentinos. Ofrecimos
personal para remover las minas pero Gran Bretaña no
está de acuerdo en que entren militares argentinos a las
islas, afirma Juan Devandelar de Servicio Paz y Justicia, y asegura
que mientras el gobierno de Carlos Menem era garante del tratado de
paz entre Perú y Ecuador en 1995, más de 5.000 minas
antitanque y antipesonales de las almacenadas en Argentina fueron a
parar a la frontera andina, con todos los peligros que ello
implicaba.
El arma más barata del
mercado
Excepto en Colombia, los
campos de América Latina se van librando paulatinamente de
las minas quiebrapatas - así llamadas en Colombia - pero
ningún avance será suficiente si su vecino del norte
las emplea donde conviene a sus intereses (la administración
de George Bush, ha prometido firmar la Convención en el
2006). Los gobiernos que se niegan a adherirse al Tratado de Otawa
insisten en que no hay un sistema alternativo viable que sustituya
su función defensiva (son infalibles para impedir el paso de
tropas enemigas) pero nunca aluden a una razón obvia: es
quizás el arma más barata que existe hoy en el mundo.
Alternativas existen: desde minas que se desactivan
automáticamente hasta sofisticados sistemas de vigilancia,
como los que detalla el informe militar Minas terrestres
antipersonalesl, ¿armas indispensables? "equipos de
visión nocturna, información por satélite en
tiempo real y aeronaves teleguiadas con capacidad
fotográfica y de infrarrojos." Entonces, ¿por
qué grandes potencias económicas y militares - como
EEUU - insisten en su uso? Para algunos analistas, la excusa de
EEUU es consecuente: no son limitaciones económicas, sino su
política exterior de no aceptar lo que consideran
imposiciones exteriores. Mucho más cauta es la
opinión de William McDonough, quien acudió en
septiembre a la Conferencia de Estados Parte en Managua, en calidad
de representante del Secretario General de la OEA: pretenden
firmarla (la Convención de Otawa) lo antes posible pero no
vale la pena rubricar el acuerdo si no se tiene la capacidad de
implementarlo. ¿Cómo pueden quitar las minas si no
tienen otra manera de defender a sus soldados? Pero no me interesa
ni condenar ni justificar la posición de EEUU pues este
país ha sido en los últimos diez años uno de
los donantes principales.
Sin embargo, las organizaciones contra las minas antipersonales saben que cuando EEUU ratifique la Convención, otros países dejaran de argumentar excusas y se le sumarán inmediatamente, por ello le exigen que firme esta herramienta del derecho internacional humanitario mucho antes de 2006. En general, las organizaciones son optimistas porque desde 1999, fecha de entrada en vigor del Tratado de Otawa, los avances son evidentes: sin embargo, no bajan la guardia. El Monitor de Minas de ICBL, elaborado cada año por más de 120 investigadores en 95 países, vigila el cumplimiento de la Convención, al igual que el grupo de Estados Observadores Permanentes, entre los que están Alemania, España, Francia, Noruega, Suecia, Rusia y Holanda. Pero las organizaciones coinciden también en que no es suficiente dejar los campos limpios de minas: es importante que los sobrevivientes se sientan útiles para la sociedad, por eso atendemos desde la rehabilitación física para la reintegración social y laboral, hasta la recuperación psicológica, aunque nada de esto sirve si los Estados no diseñan políticas a largo plazo, concluye la colombiana Diana Roa Bastos.
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