El abuso sexual es una manifestación más común de lo que imaginamos. Es parte de lo que se llama el mundo privado de las personas. Incluyendo el mundo privado de las niñas y de las jóvenes a las cuales se les amenaza para mantener en secreto las miradas lascivas, las nalgadas, los piropos, hasta el coito, la mayor parte de las veces, con adultos cercanos, familiares o amigos íntimos de la familia.
Al tratar
este tema, las preguntas que usualmente afloran en la mente son
¿qué siente un adulto por las menores de edad que, a
pesar del rechazo familiar y social por sus actitudes seductoras y
abusivas, las continúan utilizando sexualmente?, ¿es
posible que un padre se sienta atraído sexualmente hacia su
propia hija? o ¿por qué necesitan a una niña
para gratificarse sexualmente?
Entre otras estudiosas del tema, la Dra. Gioconda Batres
Méndez, psiquiatra costarricense y con gran experiencia en
el tema de violencia doméstica afirma que la violencia
sexual hacia las mujeres ya sean adultas, jóvenes o
niñas tiene su explicación en el concepto de poder y
masculinidad.
¿Qué significa poder en
términos de género?
La
masculinidad es algo que se construye socialmente. Se inicia
en la propia familia, con el reconocimiento que tanto la madre como
el padre hacen al nuevo varón que llega al hogar. Este
es el momento en que se asignan los roles y se construye la
identidad del niño: lo que debe hacer o no hacer,
qué y cómo sentir, lo que es propio que piense o lo
que debe desechar de su pensamiento. Es un proceso que
continúa y se solidifica en la escuela, el barrio, la
comunidad y la sociedad en general.
Como parte de la construcción de la masculinidad y de sus roles, al niño se le asigna el poder, y se dictamina que deberá ejercerlo tanto en los espacios privados como en los públicos, con todos los privilegios y beneficios que conlleva. Esto significa que el varón manda dentro de la casa y fuera de ella también.
Gioconda Batres documenta que los hombres tienen "el poder simbólico, el concreto, el económico y el psicológico" ya que desde pequeños se les posiciona en un lugar de superioridad con relación a las mujeres de la familia y fuera de ella, tanto que, aprenden a "no escuchar la voz de las mujeres, subordinar los deseos y la voluntad de ellas a los suyos y concentrarse en el cuerpo femenino como un objeto y una imagen, no como una expresión integral de una persona completa consciente, con derechos y sentimientos", como afirma Laura Asturias en su ponencia Construcción de la masculinidad y relaciones de género.
Con base a lo anterior, y en términos de la enseñanza y la asignación del poder como parte del aprendizaje de la masculinidad se puede afirmar que, el hombre es preparado culturalmente para pensar y sentir que cualquier cuerpo de mujer, no importa si es el de la hija, hermana, prima o vecina, es una cosa que puede ser utilizado por él: el varón tiene el poder para decidir sobre ellas y sus cuerpos.
Es allí donde se puede comenzar a entender (no a justificar) situaciones que se dan en algunas regiones del país, donde el mismo padre decide "vender" a sus hijas para "servir de mujer de algún finquero", para ir a trabajar a la capital, o para "ocuparse" en centros de prostitución. Otros padres que piensan que si la hija "va a ser de otro, mejor yo me la aprovecho antes". Al final que el cuerpo de las hijas es de su propiedad y antes de "entregárselas" a otro en matrimonio, mejor y antes las "utilizan" ellos. Esto significa que el cuerpo de las mujeres, las niñas y las jóvenes se convierte en objeto de dominio, pertenencia y violencia sobre el cual, los hombres tienen el total control.
Esta forma de entender la masculinidad en nuestra sociedad
guatemalteca y en otras culturas que han pasado por un proceso
similar en la construcción de género, ha servido para
que algunas personas lleguen a afirmar que el incesto es un
fenómeno natural, situación que perpetúa este
tipo de violencia hacia las mujeres, las niñas y las
jóvenes, personajes que son posicionadas como inferiores en
las familias y en la sociedad. También ha permitido
que se continúen proliferando ciertos fenómenos
sociales tales como la prostitución y la pornografía
infantil, el turismo sexual y el tráfico de niñas
para fines sexuales comerciales, como estrategias válidas
para la sobrevivencia sexual de los hombres.
Esta estrategia se fundamenta en la idea de que siempre es
necesario que existan mujeres en situación de
prostitución. Mejor si se inician desde muy
jóvenes. Son un mal necesario ya que permiten que las
mujeres buenas (las esposas, madres, hermanas e hijas) puedan
circular a salvo de los embates sexuales de los hombres, los cuales
desaguan sus pasiones e instintos (todo lo que no pueden hacer con
las buenas) con la categoría de mujeres malas (las
prostitutas, zorras, leonas, perras, "culos" o sucias como les
llaman). La existencia de éstas últimas permite
que la primeras se sientan protegidas y mujeres de mejor
categoría. Todo este enfoque de los géneros
permite pensar los cuerpos de las mujeres, las jóvenes o las
niñas como cosas que pueden ser comprados, tocados,
penetrados, abusados o violados con toda naturalidad, ya que son
inferiores por ser tontas, débiles, prostitutas o cosas.
¿Qué corresponde hacer para
evitar la violencia sexual hacia las mujeres, niñas y
jóvenes en Guatemala?
Ninguna
acción en contra de la violencia hacia las mujeres, el
maltrato y los abusos a la infancia y juventud, o la
explotación sexual comercial, puede ser efectiva por
sí sola sin un componente educativo orientado hacia el
reaprendizaje de los géneros: en la medida en que las
mujeres reaprendamos que somos seres humanos inteligentes y de gran
valor físico y emocional y no cosas, y en la medida en que
este aprendizaje lo realicen también los hombres -comenzando
desde la misma infancia y juventud- las actitudes violentas,
incluyendo las agresiones y delitos sexuales contra las mujeres,
jóvenes y niñas va a comenzar a cambiar y disminuir
cuantitativa y cualitativamente en el país.
Modificar radicalmente los patrones de crianza y la programación violenta de los hombres hacia las mujeres es una tarea que debe empezar por la misma familia y sobre la cual debe construirse en la escuela y el resto del sistema social. Solo así podremos comenzar a construir sociedades y relaciones más horizontales y solidarias.
Ana Myrella Saadeh Rivera
Organización pro niños y niñas
centroamericanas PRONICE
Etiqueta: explotación sexual, Internet, pederastas, pedofilia, Pedófilo, pornografía infantil, turismo sexual
