Nadwa Sarandah es palestina, Robi Damelin, israelí. Dos mujeres activas en el Círculo de Padres, el foro de familias palestinas e israelíes. La tragedia personal que les ha tocado vivir las unió para siempre en la lucha por un futuro mejor. Pese, o quizás debido al dolor por la pérdida de sus seres queridos, ambas consideran que la política y la diplomacia no han logrado la paz.
Entre tanto, las dos mujeres están convencidas de la necesidad de intentar una vía alternativa, pues opinan que el amor y la reconciliación pueden traer felicidad y paz a Israel y Palestina. Nadwa Sarandah, quien vive en Shuafat, en Jerusalén Este, trabaja en una importante fábrica de cemento y es madre de dos adolescentes. Su hermana Naila era consultora profesional de sanidad pública y dedicaba su vida a mejorar la salud de los palestinos. Hace 5 años, cuando caminaba por la calle, un israelí la apuñaló y puso fin a su vida; tenía entonces 48 años.
Después de la muerte de su hermana, Nadwa se encerró en su dolor, pero más tarde encontró consuelo y pudo compartir la pérdida en el foro de familiares. En el marco de esta actividad, que se convirtió en el núcleo de su vida, Nadwa lucha por el pueblo palestino, y por poner fin a la ocupación israelí. Su principal objetivo es, según sus propias palabras, "poner punto final a la tragedia, al conflicto; que no haya más víctimas, para que no haya más familias palestinas que sufran el dolor de perder a un ser querido. Pero, tampoco quiero que el pueblo israelí sufra, lo que más deseo es que se termine este conflicto."
Robi Damelin, quien vive en Tel Aviv, perdió a su hijo David, un estudiante de filosofía de la educación activo en el movimiento Paz Ahora. En el año 2002, en plena Intifada, un francotirador palestino puso fin a su vida, cuando el joven de 28 años prestaba su servicio como reservista en el Ejercito israelí. Después de la muerte de David, para promover el diálogo, la tolerancia y la reconciliación con el pueblo palestino, Robi se dedicó enteramente al foro de las familias.
"Yo perdí a mi hijo," comenta, "y Nadwa a su hermana. ¿Cuántas familias más tienen que sufrir como nosotras para que entiendan de una vez por todas que es necesario encontrar el camino de la reconciliación? Yo no hablo de paz, hablo primero de reconciliación y justicia. Todo este trabajo que hacemos juntas, las conferencias, los encuentros en Jerusalén y en el mundo entero, demuestran que es posible".
El trabajo conjunto, las largas horas compartidas por Nadwa y Robin y, sobre todo, la férrea determinación de estas dos mujeres a seguir transmitiendo el mensaje de la Paz, las han unido para siempre. Nadwa considera que ambas trabajan muy bien juntas porque se complementan. "Yo hablo poco y soy concisa, mientras que Roby es más emocional y sabe explayarse más", precisa Nadwa.
De forma natural, casi imperceptible, Roby continúa el hilo de pensamiento de su amiga palestina. "Creo que hablamos una sola voz. Confío plenamente tanto en lo que dice como en ella misma, y esto es mutuo. Me siento muy segura con ella, sé exactamente cómo piensa, y ella conoce mi forma de pensar. Hemos viajado mucho a diferentes partes del mundo y hemos pasado muchas horas juntas. Así encontramos el camino de la comprensión, y ahora ella es parte de mi familia.
Nadwa y Roby abrazan una visión de la paz basada en la coexistencia y en la no venganza. Las decisiones e iniciativas de estas dos mujeres que se unieron para tejer una paz basada en, entre otras, un modelo cooperativo de coexistencia entre sus respectivos pueblos, aseguran una voz crítica alternativa por una paz viable, por la denuncia y la defensa de los derechos humanos. Ambas llevan su luto y su llanto grabados en el corazón, pero poseen la fuerza de la vida y la certeza de que, unidas, podrán vencer la sinrazón y el horror de la guerra.
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