Si bien Iraq es tema diario de las noticias, rara vez se menciona en ellas a las mujeres iraquíes. En este segundo artículo, Radio Nederland Wereldomroep, da una mirada a la vida de la mujer iraquí en su país.
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La doctora Maha al-Sabkan y la señora Haana Edwar
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Su nombre figura en una lista negra, ha sido víctima de robo en su casa y recibe frecuentes amenazas de muerte en su celular. Maha al-Sakban, de 55 años, médico y dirigente de un partido femenino local, no duda que todos esos incidentes guardan relación con sus ambiciones políticas. A pesar de ello, manifiesta que no tiene miedo, y que va diariamente a pie a su trabajo, sin hiyab (el pañuelo con que las musulmanas devotas se cubren el cabello). Hay quienes consideran que su actitud es muy valiente, especialmente en este bastión fundamentalista, que es su ciudad, Diwaniya. Tanto allí como en otras ciudades, milicias islamitas obligan a las mujeres, en ocasiones con uso de violencia, a llevar un velo y vestirse completamente de negro.
La doctora al-Sabkan declara que no tiene intención de abandonar su país, y que visita Holanda por invitación de Amnistía Internacional, la organización de cooperación internacional HIVOS y el Consejo de Paz Intereclesiástico. La acompaña su compatriota Haana Edwar, presidente de la asociación femenina iraquí al-Amal.
Normas de vestimenta
Refiriéndose a las normas de vestimenta impuestas por las milicias, la señora Edwar asegura que lo considera inaceptable, ya que durante la revolución de 1958, con la que se abolió la monarquía, muchas mujeres quemaron su ropa en las calles. Al mismo tiempo, reconoce que no puede negarse. Tanto la doctora al-Sakban como la señora Edwar ocupan posiciones importantes en la sociedad iraquí, la primera dirige una clínica y la segunda proviene de una familia de alcurnia.
La doctora ríe cuando se le pregunta si las tropas norteamericanas brindan protección a las mujeres en Iraq. "Lo único que las tropas estadounidenses protegen es a sí mismas", sostiene, "ya que temen todo lo que respira, y ven una potencial amenaza en cada hombre, mujer o niño, un potencial terrorista. Entonces, ¿cómo pueden protegernos?"
Alá es grande
Por su parte, la señora Edwar, de 62 años, enfatiza que desde la caída de Saddam Husein, muchas mujeres se convirtieron al islamismo por propia voluntad y, sin presión o intimidación por parte de las milicias, empezaron a vestir de negro y abandonaron sus empleos. A su juicio, debido a la guerra, se sienten perdidas e inseguras, y buscan consuelo o soluciones en su fe o en su tribu.
Pese a que en un comienzo Saddam era un dictador secular, posteriormente estableció alianzas con líderes religiosos y tribales. En la década de los 90, se dejó de juzgar a autores de asesinatos en defensa del honor, un hábito muy difundido entre algunas tribus iraquíes, y se desplegó una campaña religiosa de increíbles dimensiones. Además, de un día para otro se clausuraron tiendas donde se vendía bebidas alcohólicas y se agregaron las palabras ´Alá es grande´ al pabellón nacional. Poco después, aparecieron en las calles las primeras barbas y mujeres con el cabello cubierto.
Pero, mientras Saddam entreabrió las puertas a la influencia religiosa y tribal en Iraq, fue la invasión militar estadounidense la que las abrió de par en par, aseguran las dos visitantes iraquíes. No sólo porque la impunidad y el caos posteriores a la invasión atrajeron a muchos combatientes de al-Qaeda, sino también porque líderes tribales y milicias islamitas se apresuraron a ocupar el vacío de poder.
Partido nacional
Entre tanto, tanto la señora Edwar como la doctora al-Sakban han visto muchas mujeres abandonar el país, pero también aseguran que, recientemente, ha aumentado el número de congéneres que se incorporan a su organización y se muestran más combativas.
A pesar de todas las amenazas de muerte, la doctora al-Sakban está decidida a continuar con su campaña electora, ya que su objetivo es defender los derechos de la mujer. Ha asumido ese desafío y se propone fundar un partido de alcance nacional.
A diario, las mujeres sufren los efectos de recortes de fluido eléctrico y agua, la amenaza de violación, raptos, enfermedades, disparos y bombardeos, así como de los edictos de las milicias y los líderes tribales que controlan sus pueblos o vecindarios. La poligamia se ha vuelto a restablecer, así como el pago de indemnizaciones, cuando el miembro de una tribu da muerte uno de otra. Pero, actualmente, esta deuda también se puede pagar concediendo una muchacha de la tribu del asesino, en matrimonio a un miembro de la familia de la víctima. En otras palabras, la mujer sigue llevando las de perder.
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