El conflicto en la región sudanesa de Darfur sigue candente - hasta ahora, 200.000 personas han perdido la vida y 2,5 millones han sido desplazadas a raíz de los combates entre el gobierno sudanés, las milicias janjaweed y los rebeldes. Entretanto, a miles de kilómetros de distancia, la Corte Penal Internacional en La Haya está intentando reunir pruebas para condenar a los responsables de estos crímenes.
Sin embargo, ¿qué conocimiento tienen los propios pobladores en Darfur sobre la Corte?, ¿de qué manera influye en sus vidas? Esta es la pregunta que se plantea el Instituto de Información sobre la Guerra y la Paz, en su nuevo informe "Voces desde el pueblo".
En colaboración con Radio Nederland Wereldomroep, el Instituto entrevistó a decenas de habitantes de Darfur preguntándoles qué sabían sobre el trabajo de la Corte Penal Internacional.
Un refugiado bien informado
Esto es lo que declaró Mohammed Adam Ali Sarraj - un hombre de 30 años, del campamento Al Salam en el norte de Darfur:
"Sí, he oído sobre la Corte. Los refugiados consideramos la Corte Penal Internacional como el único tribunal en todo el mundo. Los que cometieron crímenes en Darfur deberían comparecer ante la Corte. Si fueran encontrados culpables de los crímenes, deberían recibir un juicio y una sentencia justa, y si fuera necesario, deberían ser condenados a muerte para que estos hechos no se repitan en el futuro".
La mayoría sabe poco
Al menos, el entrevistado anterior había oído hablar de la Corte, si bien sus expectativas son poco realistas. La Corte no condenará a muerte a los que sean declarados culpables de crímenes de guerra. Según parece, la mayoría de los habitantes de Darfur conocen poco o nada sobre el trabajo de la Corte.
Hafiz Mohammed trabaja en Darfur para la organización Justice Africa: "La mayoría de los pobladores corren el riesgo de perder la vida cuando van a buscar agua o leña para el fuego, eso es lo importante, ellos intentan sobrevivir día tras día. La justicia es importante para ellos, pero no prioritaria".
Otro problema es que la Corte está impedida de funcionar en Sudán. Por ello, intenta informar a las personas a través de las organizaciones locales de derechos humanos, como aquella en la que trabaja Jane Alao. Sin embargo, ella advierte que debe ser muy cuidadosa, porque si te descubren hablando sobre la corte, te pueden detener y acusarte de algún delito completamente diferente, por ejemplo, de hacer la guerra contra el Estado.
Otro llamado al castigo
A pesar de los riesgos, la información sobre la Corte se va difundiendo entre los campamentos de desplazados. Otra persona entrevistada por Radio Nederland fue Tiejani Adam Ahmad, miembro de la tribu Fur, y procedente del campamento Kalma. El hombre declaró que su deseo es que los responsables de los crímenes en Darfur sean duramente castigados para servir de lección a los demás.
Beatrice le Fraper du Hellen, colaboradora de la fiscalía en el tribunal, se muestra satisfecha al saber que los desplazados ven una relación entre la paz y la justicia: "Es fascinante escuchar a la gente expresando claramente que hay una conexión entre la justicia, y la seguridad y estabilidad. Darfur es una especie de prueba para el mundo, porque cuando creamos la Corte Penal Internacional, decidimos que adoptaríamos un nuevo enfoque en la resolución de conflictos. Dejaríamos de garantizar la inmunidad para los criminales, o de negociar con criminales, o de compartir el poder con los criminales. Nuestro método sería innovativo: usaríamos la ley y la justicia para asegurar la paz duradera y prevenir actos atroces. Sin justicia no puede haber solución en Darfur".
Pero, el problema sigue siendo la implementación de la justicia. La Corte Penal Internacional emitió órdenes de captura en mayo pasado. Hasta el momento, se está esperando que la comunidad internacional actúe y lleve a los sospechosos a La Haya para ser juzgados.
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