Toda situación mala es susceptible de empeorar. Como si se tratara de una demostración del llamado Principio de Peters, los acontecimientos de los últimos días en el Chad y en la frontera con su vecino Sudán, en la región de Darfur, nos muestran que la ya de por sí gran complejidad del sangriento conflicto sudanés viene a complicarse aún más con el agravamiento de los enfrentamientos en Chad.
La ofensiva militar lanzada en los últimos días sobre la capital Yamena por los rebeldes del Frente Unido para el Cambio (FUC), que ya controlan gran parte del país, pone de manifiesto la grave situación por la que atraviesa el país africano que se encuentra al borde de una guerra civil.
¿Cuáles han sido las razones para este agravamiento de las tensiones? En primer lugar, hay que recordar que el actual presidente, Idriss Déby, quien tomó el poder en diciembre de 1990 mediante un golpe de Estado contra su predecesor Hissène Habré, pretende mantener la celebración de elecciones presidenciales para el próximo 3 de mayo, contra la voluntad de toda la oposición política y en un clima conflictivo que no garantiza su buen desarrollo. Para convocar estas elecciones fue necesaria una reforma constitucional que permitiera la reelección del Presidente, lo que generó una fuerte oposición.
Esta oposición a los comicios hizo que, incluso partidos rivales entre sí, como el SCUD (Zócalo por el Cambio la Unidad Nacional y la Democracia) y el RDL (Reunificación por la Democracia y la Libertad) se aliaran en el FUC e intensificaran sus ataques. El SCUD está formado por antiguos colaboradores del presidente Déby, pertenecientes, como él, a la etnia zaghawa, que lucha también en Darfur contra el régimen de Jartum, y que ya realizó un intento golpista el pasado 14 de marzo, el cual fue abortado gracias al apoyo de las tropas francesas. Por su parte, el RDL, dirigido por el capitán Mahamat Nour, está formado por miembros de la etnia tama, opuesta clásicamente a los zaghawa, que, en los últimos tiempos, ha sido capaz de intensificar sus combates contra el Gobierno, ocasionando, el 30 de marzo, la muerte del jefe del Ejército de tierra, Abakar Itno. Pese a que en Sudán mantiene posiciones diametralmente opuestas al SCUD, en Chad se alió con él frente al presidente Déby. Desde primeros de año, el SCUD se ha alejado del FUC, por lo que el conflicto retoma viejos tintes étnicos, y el FUC pasa a estar formado preferentemente por "árabes" próximos a Sudán.
El segundo elemento para explicar la situación del Chad es la posición de Francia, antigua metrópoli que aún mantiene en el país muchos intereses económicos y que, mediante un acuerdo de cooperación militar, tiene desplegada en el país la operación "Epervier" (Gavilán), formada por unos 1.200 hombres. El papel de las tropas francesas en las últimas hostilidades no está del todo claro, pero fuentes rebeldes afirman que aviones Mirage franceses han colaborado con las fuerzas gubernamentales en los combates contra el FUC. Si bien el Gobierno francés ha desmentido su implicación en estos hechos y ha condenado la violencia y los intentos de toma del poder por la fuerza, es evidente su apoyo al régimen de Déby. Francia apoyó también a Hissène Habré, y, de modo "pragmático", reconoció después a Déby y, de hecho, lo ha apoyado y mantenido en otras situaciones. Las tropas francesas apodaron a Déby "cowboy del desierto", reconociendo su habilidad militar en el derrocamiento de Habré.
La tercera pieza de este puzzle es Sudán y la posición del régimen de Jartum. Chad ha acusado a su vecino de apoyar a los rebeldes, incluso de haber atacado directamente la ciudad de Adre, lo que el Gobierno sudanés ha desmentido. Obviamente, Sudán tiene interés en la zona fronteriza con Darfur y ha hecho incursiones en una región donde las fronteras son difusas, pero dada la amalgama de grupos en el FUC, su posición parece menos clara. El hecho de que, en el Chad, se encuentren refugiadas unas 200.000 personas procedentes de Darfur en unas condiciones dramáticas agrava la situación desde la perspectiva humanitaria.
Por último, como clave explicativa de los enfrentamientos está el petróleo. Durante los últimos años, el Banco Mundial ha financiado un oleoducto que comunica los campos petrolíferos del Chad con el Atlántico a través de Camerún. El pasado año, el presidente Déby modificó algunas cláusulas de sus compromisos con la entidad financiera como forma de atraer más recursos, previsiblemente para el esfuerzo de guerra. El Banco Mundial decidió sancionar al régimen congelando ciertos ingresos provenientes del petróleo, lo que ha afectado la frágil economía de Chad y aumentado el descontento. En cualquier caso, el control del petróleo está en la base de la lucha por el poder en el Chad y en la posición de Francia, única potencia que parece seguir el conflicto con atención. El resto del mundo, lamentablemente, mira para otro lado.
*Francisco Rey Marcos es analista del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH)
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