El presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, parece haber abierto una explosiva caja de Pandora en su intento de romper con la herencia dejada por su antecesor George Bush en cuanto a las prácticas llevadas a cabo por los servicios de inteligencia estadounidenses para combatir el terrorismo internacional.
En estos días se han ido sucediendo distintos acontecimientos relacionados con la determinación de Barack Obama de romper con la Administración Bush en lo que se refiere a la política estadounidense de combate al terrorismo. Cada día surge alguna novedad sobre la implicación del gobierno de George Bush en prácticas de tortura en su particular lucha contra el terror. Lo último que ha salido a la luz es el resultado de una investigación del Senado estadounidense que apunta a que el Pentágono promovió la tortura en los interrogatorios a prisioneros acusados de terrorismo. Vayamos por partes.
Determinación para poner fin a la tortura
La agitación que ahora se respira en los pasillos del Congreso de los Estados Unidos y en los despachos de la Casa Blanca, comenzó a gestarse con la llegada de Barack Obama a la presidencia del país. Apenas dos días después de la investidura, Obama anunció que se ponía fin a cualquier práctica de tortura y que daba orden para el cierre del centro de detención de Guantánamo.
La semana pasada, el mandatario estadounidense tomó la decisión de hacer públicos unos memorandos de la Agencia Central de Inteligencia, CIA, en los que se reconoce el uso de la tortura en los interrogatorios a prisioneros acusados de terrorismo.
En los documentos se puede leer, entre otras cosas, una lista de cosas que se le podían hacer un prisionero, como obligarlos a estar desnudos, golpearlos, no dejarles dormir, someterlos a posiciones estresantes o manipular su alimentación, y se establecía que estas acciones no podían ser consideradas tortura.
Obama intentó suavizar el ambiente diciendo que no le parecía apropiado procesar a los agentes que participaron en las torturas, aunque dejó abierta la puerta al procesamiento de los arquitectos de la llamada política de seguridad. Asimismo, Obama visitó esta semana la sede de la CIA para relajar tensiones y mostrar su total apoyo al trabajo que desempeña la Agencia.
O excesivo o insuficiente
Las críticas no se hicieron esperar, y llegaron desde distintos sectores. Aquellos que están directamente involucrados en ese pasado de tortura, es decir, los que formaron parte del gabinete de George Bush, acusan a Barack Obama de poner en peligro la seguridad del país. El que fuera vicepresidente del país, Dick Cheney, ha pedido que, puestos a revelar documentos, se destapen otros memorandos que demuestran la eficacia de la táctica que se llevó a cabo.
Por su parte, el Jefe de la Inteligencia estadounidense, Dennis Blair, dijo que algunas prácticas de tortura como el submarino proveyeron importante información, aunque no fueran necesarias para que "Estados Unidos sea seguro".
Las críticas no han llegado sólo desde el campo de los conservadores. Desde la izquierda demócrata se pide que la investigación vaya a más y que se procese a todos los que estuvieron implicados en prácticas de tortura. Nadie parece, por tanto, estar contento.
Informe del Senado
Aún frescas las noticias sobre los memorandos de la CIA, se dio a conocer un informe del Senado basado en investigaciones de técnicas de interrogatorio empleadas por funcionarios u oficiales estadounidenses en el centro de detención de Guantánamo, en Afganistán y en Iraq. El informe, publicado este miércoles, constata que las llamadas de atención de los abogados sobre la dudosa legalidad y efectividad de la tortura fueron ignoradas. Además, en el documento se explica cómo las autoridades invirtieron el sentido del programa de entrenamiento militar SERE, "Sobrevivencia, Evasión, Resistencia y Escape" para aplicar métodos de tortura.
Dicho programa fue ideado en tiempos de la guerra de Corea para enseñar a los soldados del ejército estadounidense cómo resistir la tortura en caso de caer en manos del enemigo. Pero en el marco de la lucha contra el terrorismo, después de los atentados del 11 de septiembre en Nueva York, se aplicó lo aprendido para torturar a los prisioneros acusados de terrorismo.
En el informe se detallan viajes, citas y encuentros entre representantes del gobierno de George Bush, de la CIA y del Consejo de Seguridad Nacional para discutir aspectos de los métodos de interrogatorio, y se establece que algunos oficiales sintieron una "creciente presión para ser más duros en el interrogatorio a detenidos".
Confusa jurisdicción
El debate que se ha abierto en Estados Unidos versa sobre cómo investigar lo que ocurrió en el pasado en el contexto del combate al terrorismo y, especialmente, sobre quién tiene la competencia de hacerlo y a quiénes se debe perseguir.
Desde el propio gobierno se oyen opiniones contradictorias. El portavoz presidencial Robert Gibbs, dijo el miércoles que no es a Obama a quien le compete decidir qué se investiga y qué no. "El presidente no es quien determina quién violó la ley", señaló Gibbs. "Los abogados involucrados en el caso son totalmente capaces de determinar si alguna ley fue violada".
Hay quienes abogan por que sea el Congreso quien investigue los acontecimientos. Es la postura, por ejemplo, de la presidenta del Comité de Inteligencia del Senado, quien considera que al contar con mayoría en el Congreso, los demócratas podrían controlar mejor todo el proceso.
La Cámara legislativa no tiene, sin embargo, una posición cómoda, pues el Congreso fue informado en su momento de la estrategia antiterrorista del gobierno de George Bush.
Comisión bipartidista
El deseo del presidente Barack Obama es que se instaure una comisión bipartidista e independiente, similar a la comisión que investigó los ataques del 11 de septiembre, porque ello supone un riesgo menor para la Casa Blanca.
Fuentes cercanas al mandatario estadounidense aseguran que Obama no quiere abrir una causa general contra la administración Bush porque esto podría volverse en su contra y podría dinamitar su presidencia. El jefe de gabinete, Rahm Emanuel, se opone a la posibilidad de procesar a responsables del anterior gobierno. De momento, Obama ha dejado margen al Fiscal General, Eric Holder, para que actúe como considere oportuno.
Pasar página
A buen seguro que su firme determinación de romper con las prácticas que se llevaron a cabo durante la administración de George Bush le está causando más de un dolor de cabeza al presidente Obama. El tema de las torturas acapara más atención que los otros asuntos importantes en su agenda presidencial, como la crisis económica, la reforma energética o la lucha contra el cambio climático. Sus opositores dicen que él es el único responsable de la situación actual al haber publicado los informes de la CIA.
Estos días se oye a muchos políticos estadounidenses decir que es inoportuno investigar el pasado, que se debe mirar hacia delante y no hacia atrás. Es el caso de dos senadores republicanos, John McCain y Lindsay Graham, y uno independiente, Joseph Lieberman, quienes pidieron a Obama no investigar el asunto alegando que "la mirada de Estados Unidos debe fijarse en el futuro y no en el pasado".
Pero quizá sería bueno responder con aquella frase que dice que "debemos conocer la historia, para no repetir los mismos errores".
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Etiqueta: Barack Obama, CIA, Dennis Blair, Dick Cheney, Estados Unidos, Pentágono, Rahm Emanuel, Robert Gibbs, Senado, SERE, tortura
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